El racismo fue el mayor factor detrás del conflicto armado en el Perú entre los años 1980 y 2000, como veremos a partir de los perfiles de las víctimas. El número estimado de víctimas que murieron por la violencia es de 69.280 personas y la gran mayoría de éstas fueron civiles ordinarios. Todos los agentes armados en el conflicto, y en particular el Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso, deliberadamente mataron a civiles. Ha sido el conflicto más sangriento y prolongado de la historia peruana, un conflicto que reveló divisiones y malentendidos profundos y dolorosos en la sociedad peruana.
Según los datos facilitados por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, había una relación significativa entre la pobreza y la exclusión social y la probabilidad de llegar a ser una víctima de la violencia. Más del 40% de las muertes y desapariciones estuvo concentrado en el departamento andino de Ayacucho, donde había extrema pobreza. Este porcentaje, junto con el de los departamentos de Junín, Huánuco, Huancavelica, Apurímac y San Martín, suma hasta el 85% del total de las víctimas. Por lo tanto, la población campesina fue la principal víctima de la violencia. De las víctimas, el 79% vivía en zonas rurales, y el 56% se dedicaba a actividades de agricultura o ganado.
El proceso de violencia destacó las graves desigualdades etnoculturales en el país. Se informó que el 75% de las víctimas hablaba quechua u otra lengua indígena como su lengua materna, mientras que, de acuerdo con el censo de 1993, esta característica es cierta solamente en el caso de menos del 20% de peruanos. Las víctimas también tenían niveles educativos muy inferiores al promedio nacional. Mientras que el censo nacional de 1993 indica que sólo el 40% de la población tenía niveles inferiores a la secundaria, en el caso de las víctimas, esta proporción se elevó al 68%.
La violencia afectó de manera desigual en las diversas zonas geográficas y en estratos sociales diferentes en el país. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación, en sus “Conclusiones Generales”, afirmó que: “La tragedia sufrida por las poblaciones del Perú rural, las regiones andinas y de la selva, quechua y ashaninka del Perú, los campesinos, pobres y mal educados del Perú, ni era sentida ni apropiada por el resto del país. Esto demuestra, en nuestro juicio, el racismo velado y las actitudes desdeñosas que persisten en la sociedad peruana casi dos siglos después de su nacimiento como república”. Esta afirmación nos da una imagen clara de la división entre blanco e indio, rico y pobre, educado y analfabeto, que culminó en la indiferencia que permitió una duración tan larga del conflicto armado.
El instigador del conflicto armado interno contra el Estado peruano, Sendero Luminoso fue el principal autor de crímenes y violaciones de los derechos humanos en el conflicto. Fue responsable del 54% del total de las víctimas mortales. La ideología fundamentalista de Sendero Luminoso, en particular el “pensamiento Gonzalo” de su fundador Abimael Guzmán, estaba en conflicto directo con los valores humanos. Ellos vieron las clases, no a los individuos, y esto llevó a una negación absoluta de los derechos humanos y un desprecio por la vida, incluida la de sus militantes. Esta actitud se combinó con concepciones de racismo y de superioridad sobre los pueblos indígenas.
Esto es muy triste, porque Sendero Luminoso alegó que luchaba contra la opresión de la clase campesina, pero su estrategia intentó provocar respuestas desproporcionadas por parte del Estado, y no tomó en consideración el profundo sufrimiento que ésta causaría a la población por quien dijo que luchaba. El grupo adoptó el principio maoísta de convertir las zonas rurales en el sitio para el conflicto, sin tener en cuenta las necesidades y objetivos de la población campesina. Sendero Luminoso simplemente vio a los campesinos como una masa que debe someterse a la voluntad del partido, y a menudo utilizaron la violencia y crueldad extrema, incluyendo la tortura y brutalidad, para castigar o establecer un ejemplo dentro de la población que ellos quisieron controlar. La disidencia individual dentro de la masa tuvo como resulta de asesinatos, y la disidencia colectiva llevó a masacres y a la devastación de comunidades enteras. Sendero Luminoso también provocó de nuevo conflictos entre campesinos y comunidades campesinas en los Andes, ordenando la destrucción de sectores que fueron más conectados a la economía de mercado o redes e instituciones regionales o nacionales. Lo que ellos alegaban que era una guerra campesina contra el Estado, se convirtió en enfrentamientos entre los campesinos.
Para Sendero Luminoso, el racismo era sin duda la base del conflicto armado. Ellos afirmaban ser amigos de los campesinos y los enemigos del Estado peruano, pero en realidad eran enemigos de ambos grupos. Oprimieron a los campesinos tanto como lo hizo el resto de la sociedad. Su actitud de superioridad sobre los campesinos estaba en oposición directa a su alegada posición de apoyo.
Bibliografía
Comisión de la Verdad y la Reconciliación. El 28 de agosto de 2003. “Conclusiones Generales.”
Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. 2004.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
El racismo en el conflicto armado interno
jueves, 13 de noviembre de 2008
El conflicto armado como un genocidio
Según las Naciones Unidas en su Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, Artículo 2, se entiende por genocidio como: “Cualquiera de los siguientes actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, racial o religioso, tales como: matanza de miembros del grupo; lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; y traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”. En base a esta definición, este ensayo evaluará si las masacres perpetradas durante el conflicto armado por el Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso y las fuerzas armadas pueden ser consideradas como genocidio.
La masacre de Lucanamarca fue la primera de la comunidad campesina perpetrada por Sendero Luminoso. Fue una respuesta a la matanza brutal de Olegario Curitomay, un comandante de Sendero Luminoso en Lucanamarca, por ronderos campesinos en marzo de 1983. Los militantes de Sendero Luminoso entraron a los pueblos de Yanaccollpa, Ataccara, Llacchua, Muylacruz y Lucanamarca, en la provincia de Huancasancos, departamento de Ayacucho, el 3 de abril de 1983. Más de 80 campesinos fueron asesinados en esta masacre y casi la mitad de las víctimas fueron niños, mujeres o personas mayores. Ellos fueron asesinados de la manera más brutal, atacados hasta la muerte con machetes y hachas, les dispararon a corta distancia en la cabeza o fueron quemados con agua hirviendo. El fundador y líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, confesó la realización de la masacre y explicó que esa aniquilación era necesaria para sofocar la rebelión campesina. Él sentía que los campesinos necesitaban esto para entender que Sendero Luminoso no se detendría ante nada para demostrar que era una grave amenaza para el Estado peruano.
Otros incidentes siguieron, en particular el que ocurrió en Hauyllo, distrito de Tambo, provincia de La Mar, departamento de Ayacucho. En esa comunidad, los senderistas mataron a 47 campesinos, incluyendo 14 niños de edades entre 4 y 15. Hubo masacres adicionales por parte de Sendero Luminoso, como la de Marcas el 29 de agosto de 1985, durante el conflicto armado. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación declaró que ellos se encontraron con “un potencial para el genocidio en proclamaciones del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso que llaman a ‘pagar el peaje de sangre’ (1982), ‘inducir genocidio’ (1985) y anuncia que, ‘el triunfo de la revolución costará un millón de muertes’ (1988)”. Los senderistas también utilizaron a la población civil para protegerse, evitando el uso de uniformes u otras marcas para identificarse a sí mismos, poniendo así en peligro vidas inocentes y aumentando los sufrimientos de las comunidades en las que el conflicto tuvo lugar. Su acción contra el Estado peruano tenía como base una política definitivamente genocida.
En 1981 el gobierno declaró como zona de emergencia las tres regiones andinas de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac y envió a las fuerzas armadas a estas zonas para combatir a los senderistas. A las fuerzas armadas les fue otorgado temporalmente el poder de detener arbitrariamente a cualquier persona sospechosa. El uso excesivo de la fuerza, tales como la tortura durante los interrogatorios y las detenciones indebidas, llegó a ser común. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación estableció que las infracciones de derechos humanos más graves por agentes militares fueron: ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada de personas, torturas y tratamientos crueles, inhumanos o degradantes, así como la práctica extensa de la violencia sexual contra mujeres. Las fuerzas armadas realizaron varias masacres durante el conflicto, destruyendo aldeas y matando campesinos sospechosos de apoyar a Sendero Luminoso. Sin embargo, las fuerzas armadas respetaron más los derechos humanos de ciudadanos hacia el final del conflicto armado.
No hay duda de que los abusos cometidos por Sendero Luminoso durante el conflicto armado se pueden clasificar como genocidio. Los senderistas atacaron a las comunidades campesinas y mataron a los campesinos. Sus acciones fueron cometidas con la intención de destruir al grupo y someterlo al partido comunista. En el caso de las fuerzas armadas del Perú, su intención no era destruir a las comunidades campesinas, sino protegerlas de Sendero Luminoso. Sin embargo, sus acciones a menudo llevaron a los mismos resultados genocidas.
Bibliografía
Comisión de la Verdad y la Reconciliación. El 28 de agosto de 2003. “Conclusiones Generales.”
Comisión de la Verdad y la Reconciliación. El 28 de agosto de 2003. “La Masacre de Lucanamarca (1983).”
Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. 2004.
jueves, 16 de octubre de 2008
la palabra del día
disfrazar
v.t. Desfigurar la forma natural de alguien o de algo para que no sea conocido.
